¿Es demasiado larga la vigilia pascual?

 

Esta parece ser la impresión más generalizada, especialmente entre el clero. Y, en efecto, la celebración resulta penosamente larga e insufrible cuando los fieles no entienden el significado de los gestos, porque nadie se lo ha explicado o porque son ejecutados de forma rutinaria y mecánica; cuando los símbolos del fuego, de la luz o del agua se presentan de manera irrelevante y opaca;  cuando las lecturas son proclamadas de forma ininteligible, o porque la megafonía funciona mal o porque el lector lo hace de forma inadecuada; cuando el ritmo de la celebración carece de dinamismo y las ceremonias se suceden unas a otras sin suscitar el más mínimo interés; cuando la asamblea permanece desconectada y pasiva, sin participar en las respuestas, sin cantar y sin verse implicada en el desarrollo de la celebración. Entonces sí  se hace larga la celebración.  Y aún se hace más larga y tediosa cuando el celebrante, para colmo de males, se despacha con una larga homilía, prolija e interminable.

Yo no voy a negar aquí que la celebración de la vigilia pascual es larga y además tiene lugar a una hora intempestiva  que favorece poco una asistencia masiva de fieles. Pero estoy plenamente convencido de que si los responsables de la pastoral prepararan adecuadamente a los fieles durante la cuaresma; si dedicaran más tiempo a la preparación de la celebración, en conexión con el equipo de seglares que colabora en la pastoral litúrgica de nuestras iglesias y parroquias, programando los cantos, estableciendo debidamente los momentos de silencio, preparando con interés las moniciones y la homilía, adornando la iglesia y el presbiterio, y estudiando previamente el ritmo que se quiere imprimir al conjunto de la celebración resultará menos tediosa y de mayor  «gancho» para los fieles.

Ciertamente, la celebración de la vigilia pascual representa para los pastores un auténtico reto. Un reto que debemos asumir con optimismo y decisión. Las dificultades pastorales son muchas y graves. Algunas las acabamos de analizar. Pero hay muchas más. A pesar de todo, debemos estar convencidos de que, si afrontamos el problema con interés, captando el espíritu de la reforma, atendiendo con esmero la preparación de los fieles y dando un mayor impulso a una sana y razonable creatividad, lograremos ganar la batalla.

 

 

 

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