Olé por la misa televisada en ETB1

 La diferencia salta a la vista. Se da cuenta hasta el espectador menos ilustrado. Los que vivimos en Logroño tenemos la posibilidad de contactar con la televisión vasca. A mí me gusta seguir la misa dominical televisada en ETB1; no entiendo el euskera, pero da igual. Cuando uno está habituado a participar en las celebraciones eucarísticas puede seguir perfectamente los distintos momentos de la misa, incluso adivinando el sentido de los textos. Eso sí, la homilía no puedo entenderla, claro. Me gusta simultanear y comparar el visionado de la misa vasca y el que transmite, casi a la misma hora, televisión española. Lo hago con un declarado sentido crítico, desde mis deformaciones profesionales. Lo confieso.

Debo reconocer que las diferencias son notables. Encuentro diferencias en cuanto al clima celebrativo que se detecta, en cuanto a la participación de la asamblea y, sobre todo, en cuanto a los cantos. Las celebraciones en euskera se transmiten tanto desde el territorio español como desde el francés, desde Iparralde.

Voy a comenzar por lo primero, por el nivel de participación. Se aprecia inmediatamente que en las celebraciones de la iglesia vasca la gente participa de una manera más activa, más intensa. No son asambleas muy numerosas; pero sí plurales, en las que vemos a gente mayor y a jóvenes, a mujeres y a hombres, incluso a niños. Todos responden a las invitaciones y saludos del celebrante, todos rezan y todos cantan, todos tienen en sus manos la hoja o el folleto de los cantos. La gente se ajusta con regularidad a los movimientos y gestos comunitarios, con un apreciable nivel de disciplina. No se observa un abultado número de oficiantes y monaguillos. Los justos. Rara vez he observado sacerdotes concelebrando junto al sacerdote que preside. Los monaguillos asistentes, que prestan su servicio en el altar, lo hacen de forma muy discreta y mesurada: llevan al altar los dones en el momento del ofertorio y, en ocasiones, acompañan con cirios la entrada, al comenzar la celebración, o al sacerdote que proclama el evangelio. Me complace reseñar que, especialmente en las celebraciones televisadas desde la zona francesa, el servicio al altar con frecuencia es desempeñado también por muchachas.

Ahora me voy a detener en el tema de los cantos. Suele comentarse que los vascos son buenos cantores y que cuando se juntan tres, ya tienen un coro. En las celebraciones que estoy comentando esa afición de los vascos al canto se nota. Canta toda la asamblea. No un coro especializado que la suplanta y la sustituye. Ese espectáculo, que podemos comprobar lamentablemente en muchas partes, aquí no ocurre. Aquí cantan todos.

A veces, para ejecutar determinados cantos, un pequeño coro de cantores alterna con toda la asamblea. Otras veces la alternancia se produce entre los hombres, por un lado, y las mujeres, por otro. Suelen ser melodías apropiadas para ser cantadas por grandes asambleas. Son melodías parecidas a los conocidos corales, muy utilizados en las iglesias de Alemania.

Es frecuente ver a un director de coro dirigir los cantos. Éstos siempre son acompañados y sostenidos por el órgano. Por una vez, uno se siente liberado de las guitarras. No aborrezco este instrumento. Fue una magnífica innovación del postconcilio. Hasta entonces el uso de guitarras estaba prohibido en las celebraciones litúrgicas. Pero ocurrió lo de siempre: se pasó de la nada al todo. No hay misa televisada en TVE2 cuyos cantos no estén animados por guitarras. Eso no ocurre en las celebraciones de ETB1. El sonido del órgano crea un clima excepcional de oración y de recogimiento. Yo lo echo de menos.

Más comentarios. El celebrante ejecuta los saludos e invitaciones habituales de la celebración sirviéndose de una melodía muy sobria, muy simple. Pero debo confesar que estas melodías, utilizadas en las oraciones y en los saludos, no me saben a sacristía. En cambio, la cantilena ideada para la liturgia española está tan inspirada en las viejas melodías gregorianas, que uno  no puede dejar de pensar y de sentir las viejas liturgias del pasado, cuando todavía se usaba el canto llano. Eso no ocurre en las celebraciones en euskera.

Hay más. Me sorprende gratamente el uso del canto para los saludos, las invitaciones, las aclamaciones breves, las doxologías. Este uso, que casi resulta inexistente en las celebraciones de TVE2, las iglesias vascas lo cultivan de forma envidiable. Todo ello confiere al conjunto de la celebración una magnífica ambientación festiva y religiosa, con una ferviente participación de la asamblea.

Quizás esta apreciación mía sea un tanto subjetiva. Es posible. Pero esa es la sensación que uno percibe cuando contempla esas celebraciones. Naturalmente que encuentro detalles o comportamientos que no comparto. Son los menos. Pero en este comentario he querido hacer hincapié en el tema del canto y en el de la participación. En esas dos facetas hay que reconocer, sin entrar en profundidades, el alto nivel de renovación litúrgica experimentado en las  iglesias de Euskadi. Quizás nos puedan servir de ejemplo.

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