Cómo se formó el leccionario

Como todos los libros litúrgicos, el leccionario no apareció de la noche a la mañana, como por arte de magia. No se trató de un invento genial,  ideado por un clérigo inteligente. Es, más bien, el resultado de todo un proceso, largo y complejo, cuyo itinerario voy a intentar describir muy brevemente, casi de manera telegráfica.

1ª Notas marginales: Primitivamente el libro desde el que se proclamaban las lecturas era la Biblia.  Unas anotaciones colocadas al margen señalaban el uso litúrgico de los  diferentes libros bíblicos. Es la forma más arcaica, y se remonta a los siglos V y  VI.

2ª Listas de perícopas o fragmentos, llamados Capitularia: En esta segunda etapa, coexistente casi con la primera,  todavía seguía utilizándose la Biblia como libro de lectura en las celebraciones litúrgicas.  Al aumentar el número de lecturas,  el primitivo sistema de anotaciones marginales en la Biblia acabó resultando incómodo e impracticable. Por eso se confeccionaron listas en las que se anotaba el día del mes,  el nombre de la fiesta litúrgica correspondiente y las pertinentes referencias bíblicas con indicación de libro y capítulo, seguida del incipit   y explicit (comienzo y final)  del fragmento señalado. Aún en el siglo XII se encuentran numerosos códices que recogen este primitivo sistema de leccionario.

3º Leccionarios con las lecturas completas.  En realidad estos libros no hacen sino completar el sistema de listas,  transcribiendo íntegramente las lecturas. En este caso, en vez de seguir usando la Biblia  en la celebración, se introduce el nuevo libro llamado Leccionario. Este hecho deja entender que los sistemas de lectura han ido quedando definitivamente consolidados. Así aparecen los Epistolarios o Evangeliarios, según se trate del libro que recoge las epístolas o los evangelios. Aun cuando este libro representa una etapa más evolucionada que la anterior parece, sin embargo, que estos distintos sistemas coexistieron durante algunos siglos.

4ª El leccionario se integra en el misal plenario.  Es la última etapa. Representa un alto nivel de consolidación de estructuras.  Las colecciones de lecturas, en vez de formar libro independiente, se funden con el libro de los cantos, llamado Antifonario, y con el de las oraciones, llamado Sacramentario, para formar los tres  juntos  un único libro, completo y plenario, llamado Misal. Habrá que esperar al Vaticano II para que, de nuevo, el Misal se desdoble en dos libros:  el Libro de Altar, con las oraciones para uso del sacerdote, y el Libro de Ambón, con las lecturas, para uso de los lectores.

 

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